
Desde que se estableció la cocina alternativa y ecológica, la soja se ha celebrado casi como una planta de culto, al menos como la personificación de la alimentación sana y equilibrada.
Es cierto que el valor nutricional del haba de soja es muy alto, por eso ahora también lo está descubriendo la industria alimenticia, que tiene como objetivo la industrialización de la soja y su producción en grandes cantidades, con lo que se debería cambiar también su calidad.
Hay aquellos críticos que piensan que si la soja no está fermentada, no se puede aprovechar su valor nutricional, porque solamente el producto fermentado puede neutralizar los residuos tóxicos en nuestros cuerpos, función que perdería la soja industrial, ya que no se suele molestar en fermentarla.
Al mismo tiempo advierten de que no se debe creer todo lo que nos quiere hacer creer la industria alimenticia, por ejemplo que en Asia se consume la soja en grandes cantidades y por eso la salud de los asiáticos es mucho mejor que la de los europeos.
Pero en Asia la soja no se usa como sustitución de la carne, sino que se sigue consumiendo carne, porque no existe el fenómeno típicamente occidental del vegetariano o del vegano. Tampoco se limita la aportación de algunos nutrientes a lo que se encuentra en la soja, como parece ser el caso en la cultura vegetariana hasta cierto punto.
Si se consumen grandes cantidades de soja durante mucho tiempo, puede haber el peligro de que se produzca malnutrición, ya que la soja inhibe la absorción de hierro y zinc y la necesidad de aportar calcio y vitamina D al cuerpo se encontraría en aumento durante una dieta con mucha soja.
