padre cambia pañal a bebe
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Como se ponían los pañales antaño

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Antes los tiempos eran más duros y así era la gente.  En la vida diaria las cosas se llevaban distintas y hoy en día raramente nos damos cuenta de cómo han cambiado algunas cosas.

Por ejemplo los pañales de los niños, que hoy usan casi todas las madres de forma habitual, se han convertido en una comodidad cotidiana, pero lógicamente no siempre existían pañales desechables.


Se compran en los supermercados, siempre están asequibles y los pañales desechables son lo más común en el culo de un bebé, por razones obvias.  

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Aunque de vez en cuando surgen tendencias y modas incluso en el mundo del pañal, el movimiento „vuelva a lo natural“ no convence a muchas madres cuyo objetivo es ahorrar tiempo en limpieza y hogar para dedicarse más a sus hijos o al trabajo.

No todo desarrollo industrial tiene por qué ser malo y los términos “natural” y “naturaleza” lo definen los fabricantes en todo caso en los tiempos de hoy.

Si se quisiera asociar lo „natural“con los tiempos de antaño, lo que significaba entonces, poco tenía que ver con vivir con la naturaleza en un mundo sano y ecológico.

En la edad media y hasta hace relativamente poco tiempo, incluso hasta en el siglo 18, a los bebés se les envolvía en telas y paños como si fuesen momias y se dejaban colgar de clavos en algún sitio de la casa.  Así pasaban la mayoría de los bebés la mayoría del tiempo de su infancia.

No se cambiaban estos „pañales“ de forma regular, con lo que las narices de los demás tenían que estar sometidas a pruebas muy duras de tolerancia.  Mejor no hablar de “natural”, y mucho menos de higiénico.

A finales del siglo 19 ya se sabía algo más de higiene y se reconocía que era importante mantenerlo en el cuidado de los bebés.  La técnica de envuelto se aflojaba y también lo hacían los materiales que se usaran y se cambiaban más a menudo.  Pero los padres aún no estaban muy contentos con los nuevos métodos.

Por el hecho de que la tendencia iba hacia más higiene, muchos padres se veían invirtiendo tanto tiempo a la limpieza de los pañales, que no les quedaba mucho para otras cosas.  Imagínese lo que tiene que ser lavar a mano hasta 50 pañales al día, o los mismos, pero 50 veces.  La medicina y la ciencia habían conseguido que en la sociedad reinase miedo y temor a los gérmenes y bacterias recién descubiertas.  Lógicamente, el miedo era justificado hasta cierta punto, pero la exageración no tenía medida.

Cuando también lograron desarrollar detergentes y métodos de desinfección, por fin a los padres se les daba un respiro de tanto frotar la ropa de bebé, pero aún quedaban montones y montones de pañales que lavar.

En los años 50 del siglo 20, un americano que trabajaba para la empresa Procter&Gamble, se pasó su tiempo libre investigando los primeros pañales desechables.  Lo hacía por su propia cuenta al principio.

A quien no le suene el nombre de la empresa, quizás habrá oído de Pampers, producto que hoy en día aún existe bajo el mismo nombre, porque la empresa sigue siendo líder del mercado en el mundo anglo-sajón y europeo con la misma marca de pañal.

Después de los primeros intentos todavía hacían falta muchos estudios hasta que se lanzasen los primeros pañales a unos clientes pioneros.

Otro problema con el que hubo que luchar era la opinión negativa por parte de los hospitales que hacían publicidad negativa contra los pañales desechables, porque no querían aceptar un gasto tan elevado para comprarlos.

Cuando por fin se podía establecer la opinión pública a favor de los nuevos pañales; porque la práctica había enseñado que no solamente eran más fáciles de usar, más higiénicos y más prácticos, sino también igual de baratos, ya que en la limpieza de los pañales de tela se gastaba la misma o más cantidad de dinero; los pañales desechables empezaron a triunfar de verdad.

Por supuesto que todos los padres tienen el derecho de elegir los productos que vayan a usar para sus hijos, pero esperemos que no se dejen llevar por la moda sin haber probado bastantes alternativas.

En el caso de nuestro ejemplo, esto significa que los padres nuevos prueben los pañales que se lavan y los que se tiran a la basura antes de comprar un lote de pañales de tela, que se venden muy, pero que muy caros en las tiendas ecológicas y ferias de madres y bebés.

Quizás lleguen a la conclusión que el tiempo ahorrado con la limpieza de los pañales de tela se podrá gastar mejor directamente en la naturaleza si se quiere ofrecer a los hijos algo “natural”.